martes 19 de julio de 2011

Sin distancia

Durante las últimas semanas este blog ha convivido en el portal de la web de la UNED con otro cuaderno de bitácora que he de reconocer mucho más atractivo. Relata el viaje a bordo de 150 cursos de verano en múltiples y variados enclaves de la geografía: costa, planicie, sierras, grandes ciudades y otras acogedoras, con historia.

Más de 30 mil personas han accedido en este breve período de tiempo a Sindistancia, el blog de los cursos de verano de la UNED. En él los ya 8.000 estudiantes que han optado por nuestros cursos (¡seguimos creciendo y ratificando nuestro liderazgo!) han encontrado un reflejo de la actividad de nuestra universidad de verano.

Estudiantes, invitados, autoridades, profesores y los colaboradores de comunicación han vertido lecturas instructivas, con visión global y algunos modos de reflejarlos ingeniosos, divertidos, diferentes. Este año el equipo de comunicación sugirió al resto de la comunidad universitaria que fueran ellos los verdaderos relatores de los cursos. A través de las secciones de Aventureros y Reporteros han contado los cursos con palabras, imágenes e impresiones, esa nueva forma de contar participativa, donde quien cuenta es el protagonista.

Y así hemos podido estar, acercarnos a cada sede, repartidas por todo el país. Sindistancia abría también espacios, ventanas, para dar visibilidad a esos lugares de encuentro: los Centros Asociados, y que fueran ellos, reflejados en sus páginas webs, quienes mostraran lo que ocurría en cada una de sus sedes. Momentos de encuentro o reencuentro, descubrimiento, en una universidad a distancia, ricos y estimulantes.

He disfrutado compartiendo experiencia bloguera con Sindistancia y con quienes han colaborado en su relatar diario. Creo que compartimos con los que con su participación lo hacen posible, el anhelo universitario de llegar siempre a otro puerto.
Aunque, lo sabemos, la verdadera aventura... está en la travesía, un inacabable viaje a Itaca.

lunes 4 de julio de 2011

¿No aprenderemos nunca?




De nuevo una solución de emergencia para salvar a Grecia. Las preguntas que nos hacemos todos: ¿será suficiente? ¿Necesitaremos otro rescate en breve? ¿Acabará afectando a España?
El escepticismo es comprensible.


Cuando comenzó la crisis parecía existir un consenso en que había que poner coto al poder incontrolado de los especuladores financieros. Tras tantos meses, tantas evidencias y tantas cumbres, ¿qué se ha hecho para controlar esa especulación financiera? ¿Qué se ha hecho para regular los productos financieros más cerca de la apuesta que de la economía? ¿Qué se ha avanzado en el control de los paraísos fiscales? ¿Cuándo tendremos ese tributo sobre las transacciones financieras que penalice los movimientos a cortísimo plazo? ¿Qué se ha avanzado en el control de unas agencias de calificación, que tienen buena parte de responsabilidad en esta situación y no solo no han recibido corrección alguna sino que hoy están marcando sin control el porvenir de buena parte de las economías mundiales?


Mientras no se afronten los puntos anteriores, cualquier solución será un simple parche y la amenaza de un nuevo proceso de dudas pende sobre nuestras cabezas.


No solo eso. Las propuestas de políticas correctoras que se vienen haciendo no infunden esperanza y resultan tristemente amenazadoras. De acuerdo en que hay que evitar déficits y endeudamientos excesivos. Pero las soluciones que se imponen (cuyo fracaso en tiempos del consenso de Washington debería haber servido para aprender algo) son totalmente contraproducentes.


Resulta grotesco que se impongan a los países planes de saneamiento que implican un freno importante de la actividad económica… y luego se penalice su prima de riesgo aduciendo las bajas perspectivas de crecimiento. ¡Te obligo a echar el freno de mano y luego te multo por ir demasiado despacio!


Resulta increíble que los planes de rescate para sanear el déficit conlleven tales cargas para los presuntamente saneados que les resulte dificilísimo atenderlas adecuadamente. Lo que lleva a la necesidad de nuevos planes de rescate al poco tiempo. La experiencia de la primera posguerra europea del siglo pasado también nos tendría que haber enseñado algo. Las situaciones de descontento que se generan propician, según sabemos de entonces, los populismos, las demagogias y los fascismos. Claro que, a lo peor, esto es considerado una ventaja y no un inconveniente por quienes patrocinan estas políticas.


Porque, hay que decirlo muy claro, las propuestas responden a un modelo ideológico claramente ultraliberal y antisocial. Para corregir el déficit hay muchas respuestas posibles: no solo reducir el gasto sino también subir los impuestos; no solo privatizar sino gestionar lo público atevida y eficientemente; no solo subir la imposición sobre el consumo sino también otras alternativas más progresivas y sostenibles; no solo reducir el gasto social sino antes otras partidas (por qué sanidad antes que defensa, por ejemplo).


Frente a la imposición de menos Estado hay que contestar que lo que necesitamos ahora es precisamente más Estado, para compensar la atonía privada. Frente a reducción de gasto público hay que decir contención del gasto corriente para generar más inversión pública en sectores avanzados y en I+D+i. Frente a las políticas que generan desigualdad, hay que propiciar mayor igualdad para estimular el consumo.


No sigamos cometiendo una y otra vez los mismos errores. Porque nos condenan a seguir instalados en esta crisis permanente que genera unos enormes costes sociales, mientras una pequeña minoría parece sacar de ella un fructífero aprovechamiento.