Hace unos días, al hilo de la presentación del estudio de CYD se han vertido opiniones catastrofistas sobre la situación de la universidad española, con afirmaciones rotundas sobre la presunta ineficiencia de las universidades.Es triste que de los múltiples apartados del estudio solo se fije la información en uno de ellos. Para, además, hacerlo mal. Porque, en su caso, lo más que se dice es que el sistema universitario español presenta ineficiencias, pero no las universidades. El problema es que se han creado demasiadas universidades y se han puesto en marcha muchas titulaciones poco justificadas. Por ello aparecen las ineficiencias, no achacables a las universidades individualmente.
La Conferencia de Rectores y Rectoras ha manifestado su opinión al respecto. Animo a leer su contenido completo, pero transcribo aquí algunas ideas que suscribo.
Una de las cosas ciertas que se puede decir de la actual crisis económica en España es que no es tanto la crisis pasajera de un modelo como su final irremisible. La opinión en este punto es prácticamente unánime: tenemos que dar paso a un nuevo perfil productivo basado en el conocimiento que garantice la competitividad de nuestro sistema y, con ello, el desarrollo de nuestros valores de cohesión social y territorial.
[...] las preguntas son:
¿Cuál es la respuesta de la universidad? ¿Es suficiente? ¿Puede hacerlo sola? ¿Cómo hacerlo mejor?
Para contestar a estas cuestiones, debemos analizar la función educativa, la función investigadora y el problema de la innovación productiva, teniendo en cuenta las líneas de trabajo de alta responsabilidad que aparecen en el horizonte universitario en el futuro inmediato.
Por lo que se refiere a la función educativa, la formación universitaria española ha alcanzado en las últimas dos décadas tasas de matriculación y graduación equivalentes a las de los países más desarrollados y socialmente eficientes.
... En el ámbito de la investigación, la producción científica española es la novena mayor del mundo.
... Hay un dato incuestionable: sólo aquellos países que invierten al menos el 1,7% de su PIB en I+D+i muestran índices de competitividad adecuados para afrontar el reto del crecimiento económico y la creación de empleo.
[...] Como sociedad debemos ponernos como horizonte de referencia la Estrategia Europa 2020, que en el ámbito de la UE plantea un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, definiendo una serie de objetivos mensurables: conseguir que el 75% de la población de 20 a 64 años tenga empleo, sacar de la pobreza a 20 millones de europeos, reducir el abandono escolar a una tasa inferior al 10%, lograr que el 40% de los jóvenes tengan estudios superiores completos e invertir en I+D el 3% del PIB.
Para alcanzar este horizonte, la superación del reto que supone el alumbramiento de este nuevo modelo social y económico ha de fundarse en la confianza mutua entre todos los agentes, alejada de manifestaciones catastrofistas, la colaboración estrecha en el marco de una sociedad integral, donde todos aportemos nuestra contribución a un empeño colectivo, que es asegurar un porvenir sólido para nuestro país y para las jóvenes generaciones.
Sin duda, las universidades podemos mejorar y en ello estamos. Pero no somos más ineficientes que el conjunto de las instituciones españolas. Me atrevo a decir que, la mayoría, hacemos mucho con muy pocos recursos. Eso se llama eficiencia.

