lunes 20 de junio de 2011

Con poco, hacemos mucho

Hace unos días, al hilo de la presentación del estudio de CYD se han vertido opiniones catastrofistas sobre la situación de la universidad española, con afirmaciones rotundas sobre la presunta ineficiencia de las universidades.

Es triste que de los múltiples apartados del estudio solo se fije la información en uno de ellos. Para, además, hacerlo mal. Porque, en su caso, lo más que se dice es que el sistema universitario español presenta ineficiencias, pero no las universidades. El problema es que se han creado demasiadas universidades y se han puesto en marcha muchas titulaciones poco justificadas. Por ello aparecen las ineficiencias, no achacables a las universidades individualmente.

La Conferencia de Rectores y Rectoras ha manifestado su opinión al respecto. Animo a leer su contenido completo, pero transcribo aquí algunas ideas que suscribo.

Una de las cosas ciertas que se puede decir de la actual crisis económica en España es que no es tanto la crisis pasajera de un modelo como su final irremisible. La opinión en este punto es prácticamente unánime: tenemos que dar paso a un nuevo perfil productivo basado en el conocimiento que garantice la competitividad de nuestro sistema y, con ello, el desarrollo de nuestros valores de cohesión social y territorial.

[...] las preguntas son:
¿Cuál es la respuesta de la universidad? ¿Es suficiente? ¿Puede hacerlo sola? ¿Cómo hacerlo mejor?
Para contestar a estas cuestiones, debemos analizar la función educativa, la función investigadora y el problema de la innovación productiva, teniendo en cuenta las líneas de trabajo de alta responsabilidad que aparecen en el horizonte universitario en el futuro inmediato.

Por lo que se refiere a la función educativa, la formación universitaria española ha alcanzado en las últimas dos décadas tasas de matriculación y graduación equivalentes a las de los países más desarrollados y socialmente eficientes.

... En el ámbito de la investigación, la producción científica española es la novena mayor del mundo.

... Hay un dato incuestionable: sólo aquellos países que invierten al menos el 1,7% de su PIB en I+D+i muestran índices de competitividad adecuados para afrontar el reto del crecimiento económico y la creación de empleo.

[...] Como sociedad debemos ponernos como horizonte de referencia la Estrategia Europa 2020, que en el ámbito de la UE plantea un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, definiendo una serie de objetivos mensurables: conseguir que el 75% de la población de 20 a 64 años tenga empleo, sacar de la pobreza a 20 millones de europeos, reducir el abandono escolar a una tasa inferior al 10%, lograr que el 40% de los jóvenes tengan estudios superiores completos e invertir en I+D el 3% del PIB.

Para alcanzar este horizonte, la superación del reto que supone el alumbramiento de este nuevo modelo social y económico ha de fundarse en la confianza mutua entre todos los agentes, alejada de manifestaciones catastrofistas, la colaboración estrecha en el marco de una sociedad integral, donde todos aportemos nuestra contribución a un empeño colectivo, que es asegurar un porvenir sólido para nuestro país y para las jóvenes generaciones.

Sin duda, las universidades podemos mejorar y en ello estamos. Pero no somos más ineficientes que el conjunto de las instituciones españolas. Me atrevo a decir que, la mayoría, hacemos mucho con muy pocos recursos. Eso se llama eficiencia.

miércoles 8 de junio de 2011

Estudiantes de intercambio crean ciudadanía europea



Contra viento y marea, bajo una lluvia tropical, los rectores de las universidades públicas madrileñas y de la UNED nos encontramos por sexto año consecutivo en el Pabellón de la Feria del Libro de Madrid. Hablamos de universidad, de actualidad, de lecturas, de libros que nos gustan.

Se habló de lo que había supuesto para nuestro país las estancias por estudio o investigación en otros países europeos. Daniel Peña dijo que se ha establecido una cultura juvenil europea; Fernando Galván destacó también la movilidad de los profesores y recordó las novelas satíricas de David Lodge sobre el mundo universitario y el mercadeo internacional.


Me pareció oportuno destacar anoche cómo la existencia de universidades en casi todas las ciudades españolas podía acarrear el peligro de que muchos universitarios no salgan nunca de su entorno geográfico inmediato. Programas de movilidad, como los Erasmus, han permitido superar complejos (y ver que otras universidades no están mucho mejor que nosotros, o nosotros no tan mal como a veces se quiere dibujar), ampliar horizontes y experiencias, mejorar en idiomas, enriquecer currículos, romper inmovilismos...

Todos los rectores coincidimos que estos intercambios han sido quizá lo que más ha permitido muchos acercamientos. Los Erasmus han convertido a los jóvenes en ciudadanos de Europa naturalmente.

Paloma Tortajada, la periodista conductora del encuentro, aportó la cifra de 31.158 los estudiantes españoles que ha acudido a Europa; y cómo nos hemos convertido en el primer país receptor de estudiantes, por delante de Francia y Alemania, líderes en años anteriores.

Nuestro colega José Carrillo recalcó que la movilidad ha contribuido a difundir otra imagen de España no convencional.

Movimientos 15 M

De ahí pasamos inevitablemente a hablar de cómo se ven dentro de la universidad los movimientos del 15 M.

También coincidimos los rectores en el papel de la universidad para articular este sentimiento de indignación de jóvenes con nefastas expectativas de futuro, al que se han adherido muchas personas de todas las edades. Tenemos el deber de dar alguna respuesta. Las universidades tenemos que aportar pensamiento crítico que facilite la articulación de un movimiento necesariamente disperso por sus propias caracterísiticas.

Después de recomendar nuestras lecturas favoritas, salimos a la calle, ya anochecido, con paraguas para protegernos de la lluvia. Rodeados por todos esos libros dentro de las casetas ya cerradas, se renovaba la necesidad de la lectura para extraer sabiduría de ellos con la que afrontar tantos retos.

jueves 2 de junio de 2011

Socialmente responsables


Esta mañana hemos asistido a una jornada de la Cátedra Telefónica-UNED. En el encuentro se aborda la valoración económica de la RSC (Responsabilidad Social Corporativa).
Profesionales como Pablo Valverde, que trabaja para el gobierno Noruego asesorando sobre prácticas éticas, o Rodrigo Amandi, que analiza la inversión responsable en la Empresa británica SAM, han inaugurado la jornada. Son jóvenes profesionales que van un paso por delante investigando y trabajando en el camino de la responsabilidad social, la sostenibilidad y la inversión socialmente responsable.
A ellos se ha sumado Luis Abril, que desde la secretaría técnica de la Presidencia de Telefónica, supo ver hace ya una década que la empresa debía estudiar y abordar prácticas de responsabilidad social. Y asumir el precio.
Destacaba Valverde cómo diferentes estudios habían mostrado que los noruegos no quieren obtener beneficios a cualquier precio, es decir, invirtiendo en cualquier negocio, de la naturaleza que sea. Ellos colaboran con el gobierno para investigar qué empresas son dignas de inversión y cuáles no. También ofrecen asesoramiento a éstas últimas para mejorar sus prácticas de responsabilidad.
Rodrigo Amandi mostraba que SAM es una empresa de valoración que estudia dónde y por qué es óptimo invertir desde valores sociales y sostenibles. Como en unas olimpiadas deportivas, se trata de informar de los mejores y más responsables lugares de inversión en cada sector desde la valoración responsable.
La lectura final sería que la responsabilidad social se traduce a la larga en mejores resultados no solo sociales, sino también económicos.
Hemos compartido con ellos en la presentación la voluntad de la UNED de trabajar en ese mismo sentido. Somos conscientes de que nos queda mucho por hacer para cumplir todos los principios que preconizamos. Abordamos códigos de conducta como universidad en aras de esa responsabilidad y publicamos desde hace dos años una memoria de responsabilidad social donde analizamos lo que hemos avanzado y lo que nos queda por hacer.
Tenemos la obligación de hacerlo. En la Universidad debemos construir un tercer pilar fundamental, además de la docencia y la investigación, que es transferir a la sociedad nuestro conocimiento y dar cuenta de lo que hacemos con los recursos públicos. Por ello debemos cuidar la eficiencia y sostenibilidad de lo que hacemos y gastamos.
La Cátedra de Telefónica-UNED es un ejemplo de fructífera colaboración entre empresa y universidad. Demasiado tiempo, en España, empresa y universidad han vivido de espaldas, pero estamos recuperando rápidamente el tiempo perdido. La labor complementaria, sin merma de la respectiva independencia, propicia avances más rápidos en la docencia y en la investigación, sinergias evidentes y, en último término, un mejor servicio a la sociedad.