jueves 24 de noviembre de 2011

Microcréditos

La semana pasada se celebró en Valladolid la V Cumbre Mundial del Microcrédito, a la que acudí en representación de los rectores españoles. Cerca de 2.000 delegados, pertenecientes a más de 100 países del mundo, intercambiaron experiencias sobre el desarrollo del sector.

La primera cumbre se realizó en 1997. En tal fecha, eran 7’6 millones las familias más pobres del mundo que estaban recibiendo un micropréstamo. En estos 14 años el número ha crecido hasta 137’5 millones hacia finales del 2010.

La idea del microcrédito tiene como referencia el banco Grameen Bank, que puso en marcha en Bangla Desh, Mohamed Yunus. El objetivo es poner a disposición de familias extremadamente pobres una pequeña cantidad de dinero que les permita poner en marcha iniciativas autosostenibles. Si a eso añadimos el compromiso de la comunidad, tanto en la selección como en el seguimiento de los proyectos, la fuerza de esos pequeños créditos se multiplica y refuerza la sostenibilidad de la experiencia.

El microcrédito rompe con uno de los círculos viciosos de la pobreza, puesto que las personas que nada tienen, ven cerrada la puerta de acceso al crédito, ven cercenado incluso su derecho a la esperanza. En su aplicación práctica, además, se sustenta preferentemente en las mujeres, propiciando también la lucha contra su marginación.
El grado de fallidos en estos créditos es muy inferior al medio de los créditos comerciales. No solo por el control comunitario sino porque, al final, está comprobado que las personas con menores recursos son generalmente más fiables y cumplidoras.

La Cumbre de Valladolid desarrolló en su primera jornada una sesión plenaria denominada "Más allá de los servicios financieros éticos - La creación de un sello de excelencia en microfinanzas por su nivel de alcance a los pobres y su poder transformativo". Pudimos escuchar de primera mano las diversas experiencias de puesta en marcha para la implementación de un Sello de Excelencia en Microfinanzas, similar a una certificación de calidad, por el cumplimiento de la misión bajo los parámetros de sostenibilidad y alcance social. La iniciativa es muy necesaria porque, descubierto el filón, han entrado en el juego muchas entidades financieras con ánimo de lucro (en algunos casos, de forma digna de aplauso), incluso casas de usura. Aparecen los excesos y el aprovechamiento de la buena fe, por lo que, como en tantos campos, resulta necesario separar el trigo de la paja.

Está muy avanzada la definición de los indicadores sociales que serían parámetro de medición. Conviene definir a quién correspondería emitir dicho sello. Como se comentó, para evitar conflictos de interés sería conveniente que recayera en algún organismo público que garantice la independencia de intereses espurios.

No obstante lo anterior, las microfinanzas presentan también sus sombras, como los elevados tipos de interés aplicados (a veces necesarios para la autosostenibilidad de los financiadores), o la discusión sobre su real impacto significativo. Por ello, resulta especialmente útil debatir y acelerar la adopción de las mejores prácticas y aplicar innovaciones que propicien que no se pierda el enfoque social de los programas y que se contribuye de forma efectiva a erradicar la pobreza en el mundo.

4 comentarios:

  1. Bueno, yo dejé de ser una entusiasta de los microcréditos cuando vi el documental La trampa de los microcréditos (http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-muhammad-yunus-premio-nobel-de-la-paz-2006/1076247/). Según el mismo y los testimonios incluídos en él, muchos economistas y cooperantes llevan tiempo alzando la voz contra un modelo de crédito que cobra de un 30 a un 125% de interés, que presiona y amenaza a sus deudores y provoca olas de suicidios en Bangladesh.
    Aunque le otorgo el beneficio de la duda, este señor (y el sistema al que representa) ha perdido toda mi confianza y apoyo.

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  2. Estimado rector:

    Cierto es en general el buen resultado de los microcréditos, desde el punto de vista social, financiero, etc. en general. Sin embargo, hay ciertas cosas que creo son de interés comentar:

    - Como bien indica, su capacidad de transformación es limitadas. El microcrédito por sí sólo es un parche (puesto con mucho cuidado); convendría combinarlo con actuaciones más amplias para que sus efectos se multiplicaran.

    - La aplicabilidad de esta "técnica" en general: en Bangladesh, por ejemplo, uno de los factores que más influye para la efectiva devolución del crédito es la presión social. Originariamente (ahora ya no sé si sigue igual), los grupos "receptores" de crédito se estructuraban en 5 personas, de manera que cuando una persona no devolvía su cuota, el resto no podía optar a nuevos créditos. En Bangladesh, por razones sociales esto puede funcionar. En otras culturas con lazos sociales fuertes, seguramente también. Creo que el componente cultural-social para el éxito de los microcréditos es uno de los factores más importantes.¿Cómo se exporta esta estrategia a culturas diferentes?

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  3. No creo en los microcréditos, lo afirmo desde mi experiencia profesional al poco de haberse implementado en nuestro país.Las entidades financieras los estudian en función del primer filtro que se los presentan: áreas sociales de los ayuntamientos o alguna otra entidad benéfica;a continuación se estudian en las entidades y se otorgan hasta importes de 15.000 euros.
    Tuve el privilegio de asistir en calidad de invitado al primer Congreso Mundial del Microcrédito, que se celebró en Madrid y salí de él con unas ideas que no se corresponden después con la realidad:Todos los proyectos que se presentaban en la localidad donde trabajaba pasaban por mis manos y luego, según se otorgaban, también les hacía un seguimiento puesto que se vinculaban a mi oficina en un 90% de los casos. Todos marchaban bien en tanto en cuanto quedaba dinero del préstamo(alrededor de 12 meses).A partir de ahí el resultado en un 75% de los casos eran operaciones fallidas, operaciones que la entidad tan solo reclamaba formalmente.Las causas de este fracaso se centran en dos causas pricipales: la falta de experiencia y/o formación de los prestatarios para acometer unos proyectos que exceden ampliamente sus capacidades y, por otro lado, la falta de rigor de las entidades que presentan la operaciones a las entidades financieras, a la hora de asesorar a estas personas pues el apoyo que reciben se centra solo en ayudar a montar en una semana un plan de negocio. Considero que, si antes de dejar solas a estas personas, se les diera una pequeña formación y se les hiciera un seguimiento de apoyo profesional durante un tiempo, el porcentaje de éxito en sus poyectos sería mucho mayor y sería un buen vehículo para salir de la pobreza. Desgraciadamente esto no se consigue tan solo otorgando préstamos, es necesario involucrar a más partes de manera efectiva.

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  4. Ingenua de mí. Yo me lo creía todo de los microcrétidos justo hasta ahora. ¿Qué se dan con un interés de hasta el ¡ 125 %!? Eso no es cooperación. Es usura. Al menos lo era en la Edad Media. Ahora creo que han decidio llamarlo "negocio"

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