La semana pasada, participé en una mesa redonda sobre 'La Reforma del Sistema de Pensiones y el Mercado de Trabajo' . Desgraciadamente, no puedo dedicar mucho tiempo a los temas académicos y, por ello me son especialmente gratos este tipo de actos.
Ni entonces ni ahora puedo extenderme demasiado sobre un tema tan complejo como es el de la necesaria revisión del sistema de pensiones, pero destaqué algunas ideas que me gustaría telegrafiar aquí:
- Llevo 20 años oyendo hablar de que dentro de quince o veinte años el sistema quebrará. Y el límite temporal sigue siendo el mismo veinte años después. Desdramaticemos un poco la gravedad del problema.
- - El problema fundamental no está para mí en las relaciones entre personas activas y pensionadas o entre cotizaciones y sostenibilidad. Creo que hay que romper de una vez esa financiación de la Seguridad Social a través de las contribuciones sociales. Ya se hace con todos los servicios públicos y se hizo con la sanidad. Las pensiones deben financiarse a través del conjunto de los impuestos.
- - Las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social podrían así reducirse sustancialmente (a cambio, hay margen para subir el IVA e introducir impuestos “verdes”). Y debe hacerse porque son un impuesto sobre el empleo y sobre las exportaciones, restándonos competitividad artificialmente.
- - El problema fundamental, que obliga efectivamente a una revisión del sistema, es la longevidad. Hace cuarenta años la expectativa de cobro de pensiones tras la jubilación estaba en el entorno de los 5 años. Hoy es cuatro veces superior. Por lo tanto, aunque todos los demás datos fueran iguales, las pensiones o cuestan cuatro veces más o son cuatro veces más bajas.
- La propuesta creo que debe ir por un sistema en tres partes: un mínimo general asegurado a todos los ciudadanos (de hecho, ahí están las pensiones no contributivas y los complementos a mínimos que cumplen ese objetivo); una segunda parte que complemente la pensión en función de lo cotizado por cada uno y una tercera parte que cada cual pueda arbitrar a través de mecanismos más o menos privados.
- Recomendé extender el cálculo de las pensiones a toda la vida laboral para añadir justicia, equidad y viabilidad al sistema. Cualquier limitación de años, por mínimos o máximos, resulta discriminatoria e incentivadora del fraude.
- Dado que el segundo tramo depende de la relación entre lo cotizado y la expectativa de años de percepción, existe un incentivo natural para alargar en lo posible la vida laboral. Sin necesidad de alargar obligatoriamente la edad de jubilación (que, por otro lado, puede repercutir negativamente sobre las ya elevadas tasas de paro juvenil).
Todo ello necesitaría muchos matices y enmarcarse en un debate más amplio sobre el Estado de bienestar que queremos, la fiscalidad adecuada para ello y muchas cosas más. Pero no es este el lugar para alargarse en exceso.
¡Y NO NOS OLVIDEMOS DE HAITÍ!
